miércoles, 26 de noviembre de 2014


La Moral en los Tiempos del Ébola
Es interesante abrir la mente y darse cuenta de la miscelánea social que nos rodea; una mente es un baúl influenciable, una nube apunto de derramar contradicción, o como común mente escuchamos decir: cada cabeza es un mundo. Reparando en esta variable tan compleja e decidido abrir el baúl de mi consiente y, en estas líneas, plasmar lo que a mi parecer, es un drama contemporáneo, el telón pesadísimo delante de una maraña mediática, un tsunami ideológico inundando nuestras mentes o, como comúnmente lo llamo: “La Moral en los Tiempos del Ébola”.

El Baúl

De pequeño tenía un solo tesoro, un espacio de medio metro cuadrado que contenía mi felicidad, repleto de las chucherías más entretenidas y con las que podía imaginar y crear mundos lejanos, para mi era como mi lugar en el mundo; era el baúl de mis juguetes, fabricado por mi madre con la intención de mitigar el desorden de robots, carros y legos, era el indicio de lo que existía en mi mente, condensado luego en mi baúl, aun, poco influenciable.

Traigo a mi mente este recuerdo en forma de analogía, las chucherías ahora están almacenadas en mi consiente, es lo único que puedo certeramente llamar mío y con el tiempo he aprendido a sentirme orgulloso de lo que en el habita, aunque por momentos medito y es necesario actualizar, organizar y limpiar sus rincones e ideas. Probablemente mi baúl ideológico este también construido por mi madre, y por las personas que a lo largo de mi vida influyeron en mi “código moral”.

La Nube

Ahora bien, esta inmensa nube de acontecimientos, historias, pensamientos, teorías, deducciones e imposiciones incluso, en algún momento necesitan encontrar un caudal para continuar vigentes; es así como nos damos a los demás, regando los cultivos de su existencia, con palabras y ejemplos de vida, esperando que den frutos dulces y no verbenas. Puedo yo entonces indagar en mi consiente y decir que la moral, son las costumbres o reglas de conducta favorables a las buenas costumbres; el espíritu en oposición a lo físico y material; virtudes que tienen como fundamento la luz de la razón y el bienestar.

Podemos observar que alrededor de estos conceptos anida la subjetividad la cual no es mas que la propiedad de las percepciones, argumentos y lenguaje, basados en el punto de vista del sujeto y que están ligadas a sus necesidades. Es acá en donde se encuentra el punto de fuga, lo que para mi es correcto y aceptable, probablemente para otro no lo sea. Salimos al mundo y nos encontramos baúles tan exenticos, tan elaborados, otros precariamente construidos, algunos roídos por polilla, otros construidos con el acero más inoxidable y, recubiertos con anticorrosivas capas de hermetismo, de colores, blanco y negro, llenos, vacios, con acceso libre y otros bajo llave. La moral nunca será subjetiva, porque es una verdad necesaria, un código regulador, un tope al frenesí. Lo que puede llegar a ser subjetivo es mi percepción de dicha moral, mis costumbres, mis hábitos, la forma en la que administro mi conciencia y la conexión que tenga con ella.        

 

El Telón

En el teatro de la vida es preciso dar día a día nuestra mejor función, al aparecer delante de un público que ve, que aprende, que sigue y que también juzga, tacha, e incluso discrimina; el poder de nuestra voz es subestimado; un comentario puede causar tanto daño como beneficio; muchas personas tratan de vivir bajo el guion que encuentran en su nube, optando por la trasparencia, otras deciden ocultarse bajo la pesada tela de la indiferencia y no objetar.

Es en este punto en el que reflexiono acerca de las nuevas ideologías, que si bien no son del todo nuevas, están tomando un auge increíble, están consiguiendo reclutar cada día más adeptos que al no reparar en su propio código moral, deciden optar por drogas, libertinaje sexual, homosexualidad, autosuficiencia sentimental, consumismo y tantas tendencias egoístas y confusas que podemos observar.

El punto en todo esto es el de reparar en el trasfondo; no quedarnos limitados por lo mediático o superfluo, y es en donde las personas que han decidido tomar algún camino de pensamiento “moderno” o “liberal” deben de tener precaución, me refiero a que no todas las personas comprenden el mundo de la misma forma, especialmente los adolecentes, por lo cual, una jovencita de 17 años ve en la televisión a una mujer hablando de métodos anticonceptivos, pastillas abortivas “súper seguras y eficaces”, no ser “esclava” de sus hijos la cocina y el esposo. En su subconsciente esta mentalidad va a calar hondo y a deformar una moral ya establecida. Otro joven ve en la calle un cartel que dice “Soy trabajador, educador, profesional y soy gay”, ve un anuncio en donde muchos jóvenes la pasan bien emborrachándose y despilfarrando el poco dinero que un sistema capitalista y deformado, precariamente les ofrece. Son modelos que incluso para los protagonistas ni siquiera son funcionales, pero esto llega a los ojos de muchos jóvenes, y lo siguen, porque "ahora" es socialmente correcto. Una madre desesperada por que su marido la abandono y no tiene que darle a sus hijos ve en la calle un cartel que dice, “Soy madre, estudiante y trabajadora sexual”, una publicidad que promueve la PROSTITUCION, esto enferma a la sociedad, daña el núcleo más importante que es la familia y denigra a muchas mujeres que si desean vivir bajo preceptos morales productivos.

El Tsunami

Un pequeño movimiento telúrico genera una reacción en cadena, un tsunami social que a veces se sale de control, dando como resultado, controversia, que es una discrepancia de opinión existente entre las partes activas sobre un asunto. Ahora bien aplicando esta definición a nuestra disertación, me pregunto, ¿existirá esta dualidad en lo moralmente correcto? Evidentemente nadie cuenta con las facultades para decidir sobre las acciones de otro individuo, por lo tanto me basare en la lógica e intentare dar una pequeña lumbre a esta pregunta tan complicada. Pequeños ejemplos comunes pueden ser: pasar un semáforo en rojo, pasar indiferente ante el anciano mendigo, discriminar a los pobres, buscar al doctor para aliviar un mal pero no seguir sus indicaciones, todo esto tiene como centro la negligencia. Ahora bien, procurar comidas saludables, hacer deporte, dormir lo necesario, concientizarme ante la injusticia; ¿será que estas actitudes  tendrán una connotación negativa o negligente? Evidente mente no, porque están dentro de nuestro rango de aceptación moral colectiva; es bueno porque tiene repercusiones positivas, es malo porque tiene consecuencias negativas. Precisamente sucede esto con la prostitución, el aborto, el sexo inmaduro y egoísta, las tendencias homosexuales; muchas personas están a favor y muchas en contra, mas, ¿No será esto un indicio de forcejeo ideológico? ¿Será que estamos luchando por que se acepten nuevas ideologías a fuerza de oposición y no de lógica y razón? 
Hemos hablado acerca de moral, subjetividad, de tacto para lo que genera controversia, de lógica moral.  Ahora bien el mismo Dios nos a dado una mente que cultivar, un corazón para amar y un cuerpo para respetar, bajo estos preceptos de amor, luchemos porque siempre nuestra conducta sea coherente, luchemos porque nuestros actos hablen bien de nosotros, para que nuestra presencia sea sinónimo de amabilidad y de respeto, pero sobre todas las cosas, luchemos porque Dios se vea reflejado en nuestra mirada.   
 
Fausto Aurelio Rosales
Guatemala Miércoles 26 de Noviembre de 2014
 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario